Hubo un tiempo en que la palabra melancolía cobijaba una curiosa
gama de síntomas: amargura, tristeza, depresión, frustración, y desde ya,
melancolía. En ese mismo tiempo, hubo un cómico, Piotor, que reunía tras sus
dichos a las multitudes deseosas de un desahogo. Sus espectáculos eran
festejados por cientos, algunos dicen “miles”, de personas cada día. Hacían
cola en su teatro aún en los días de frío y lluvia, y claro, los de sol. Piotor
despertaba la risa o a veces simplemente la provocaba. Su nariz inverosímil,
sus orejas excesivas y su voz de flautín desafinado hacían reír a la gente que
se ríe del prójimo como una singular manera de evitar el llanto propio.Periodista, escritor, editor. Como escritor ha publicado más de 40 libros.
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